lunes, abril 20

Familiarmente obsoleto.

Sacrílego, presente en todas mis faltas, sin nunca olvidarlas, las mismas culpas de siempre sin confesar. Yo, sin mí, interpretando la vida sin ustedes. No me importa. Tengo por idea sus pulmones y su hígado, jamás pienso en el cerebro del otro. El otro tiene el cerebro que yo no. El otro tiene cerebro. Yo no.

Me había acordado de mí, la otra noche, aquella en la que no podía dormir, era suficiente hasta entonces, cuando alcanzaba, cuando podría haber llegado a decir... Pero me quedo en silencio, que mejor letanía.

Soy diablo, por tanto, lo único que me importa es el Otro fin del Mundo. Escrito sin presagios ahora.


[... jamás se olvidó de mi piel el sordomudo que me acarició sin quererlo, soy yo. Habiendo sido la muerte, para nacer, me hace falta morir. Entre nausea y nausea me siento moribundo, porque nunca me dejo morir, pues necesito ver mi corazón entre sus manos para saberme muerto. Porque no hay más por qué vivir. Soy un cobarde sin límites, me arrojo siempre al fin más diminuto. Soy yo. Sin fin, diminuto. Siempre.[...]

Una quemadura radioactiva, no sería, es TERRIBLE.


Notas sobre la propia muerte: Me he terminado un cigarro, mi mejor amigo me mira con ojos de fuego, yo le pido que ponga hielo a su mirada, no lo hace. Me estrangula hasta la muerte; yo nunca pude resistirme. Era mi mejor amigo.

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