sábado, mayo 30

¡La transformación de Marc Ribot!


Una figura desvanecida tristemente,
adornada de recuerdos,
vestida de cuero
con lentes oscuros
el cabello hacia atrás
corto, liso
lacio, largo.

Lo importante no era el cabello, sino la determinación, como aplastar una mosca contra el escritorio y gritar al cielo tu victoria. Puesto de pie, aún empapado en whisky, con su piel sudando otros licores y un labio mordido por una zorra, mantuvo su perspectiva orientándose al ataque como un alfil en un tablero polarizado. Se deslizaba como un vagón, aturdido por la ciénaga dionisiaca de temblores y tambores, se escurría como una babosa. Giraba en espirales intentando orinar, se carcajeaba al mirar su reflejo. No es la mente un reflejo del pensamiento, si no que más bien se encuentra el cerebro en la ausencia de mente. Como sus calzoncillos perdidos tampoco encontraba las puertas ni las ventanas. Estaba en otra casa, en otro cuerpo y con otra mujer.

Gritó, gritó desesperado. Se encontró a sí mismo transformado.

Imágenes




Imágenes pequeñas, centradas. Al margen de un texto que dibuja sus colores.

No es literatura, son instrucciones.

Somos la energía del vacío, generamos las fisuras, tenemos conciencia de la fractura.

¿Cómo te ves desde adentro?

Un ojo negro con hilos grises se mira ciego adentro de un hueso clavado en la carne de un ser finito e impensable singularmente, o bien, particularmente ininteligible, un sujeto, todo lo inimaginable.